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Cartas desde mi establo

Con estas pezuñas.

Cartas desde mi establo

Notapor murphy el Jue Sep 13, 2007 4:11 pm

¡En el altillo hay tantas cosas! Muy de vez en vez subo la peligrosa escalera de madera que fabricó el abuelo Franziscus y hago esas extrañas limpiezas de papeles con las que sólo consigo que parezca que hay menos sitio que antes de ponerme manos a la obra. El sábado, sin ir más lejos, en la carpeta azul con gomas donde guardo las cosas de mis antiguos amigos del lejano foro lúdico donde participaba, me topé con un relato maravilloso de un tipo con quien tuve una hermosa correspondencia durante un par de meses. Lo he añorado en muchas ocasiones, es posible que incluso se esconda tras alguno de vuestros nicks, ¡ojalá!, pero lo dudo, creo que la vida tiró de él hacia el otro lado, de un modo inescrutable. He aquí sus letras, sin corregir, sin retocar, como me las he reencontrado:

RETRATO DE JUGADOR ASOMBRADO

« Aquel tipo no salía de su asombro. Un estúpido sitio web había cambiado su vida, sin pretenderlo, y él no atinó a volver a una rutina que nunca quiso abandonar.
...Trivialnet. com.
El hombre había cumplido la mitad de sus expectativas de vida y se sentía razonablemente satisfecho. Tenía una familia con la que compartía amablemente deseos y frustraciones, una carrera brillante que un día le permitió rozar la fama y que aún hoy, ya en decadencia, le había dejado un rédito de prestigio profesional; y, en fin, una agradable sensación de haber conseguido situarse por encima de la mediocridad reinante.
Aquel sujeto pasaba sus días cómodamente instalado en un establishment inventado que en realidad no iba más allá del “salud, dinero y amor”, pero que él creía lleno de inquietudes. Su currículo vital respondía clónicamente al estereotipo. Comunista a los veinte, simplemente progre a los treinta y ahora metido en un liberalismo confuso que ya sólo le hacía sorprenderse por la matanza de palestinos en Jenin o el ascenso del ultraderechista Le Pen en Francia.
En esta ambigüedad metafísica, seguramente calculada pero no asumida conscientemente, conoció un juego on line que le pareció un genial entretenimiento. Primero le atrajo el reto de poner a prueba sus conocimientos. Años de estudio, de lecturas y de experiencias que, en el día a día, se habían ido arrugando en un punto de su cerebro, y sobre los que se habían superpuesto bebés, relaciones laborales, hipotecas, la nevera vacía, el polvo en la abultada librería e –inconfensable- la serie “El Comisario”, de tele 5.
El trivial le abstraía de todo este lastre con el que vivía y le convertía por un rato en un ser pensante. Era excitante pasar de la piràmide de Zoser al mayor empate alcanzado en la liga española de fútbol en diez segundos.
Comprobó inmediatamente que su sabiduría era mucho más rancia de lo que pensaba y que lo que debía ser un incipiente alzheimer le jugaba malas pasadas. El ritmo de la competencia le comía el orgullo, la agilidad en las respuestas del rival le hacía sentir muñones en las manos. Asmodeo, Beodo, Bernardotte... ¿Quiénes serían esos elementos estrambóticos que sabían todas las respuestas a la velocidad del rayo? Enseguida empezó a repasar la historia del arte, los anuarios de El País, la imprescindible discografía de Joaquín Sabina y todo aquello que le permitiera retener datos, fechas, nombres. Cualquier cosa por un podio, a cambio de 274.325 preguntas.
Hasta pasados unos días, el tipo no advirtió lo que se cocía en el lado izquierdo de la pantalla. Los chat, que sólo conocía por referencias, siempre le habían parecido algo hecho para adolescentes en busca de un polvo virtual o para gente madura en busca de un polvo real. Sin embargo, poco a poco, fue prestando atención a aquellas conversaciones ininteligibles y absurdas. ¿Qué clase de gente vivía allí? ¿Quiénes eran aquellos insensatos que, aparentemente universitarios, habían adoptado el lenguaje de un cómico casposo y traducido a una grafía, sin duda, marciana?
Había cultos por naturaleza, empollones evidentes, sabios de la vida y todos, todos eran ingeniosos en sus afirmaciones, brillantes en sus respuestas y con un dominio de la escena que parecía inalcanzable. Hasta los patosos que sólo participaban para provocar y repetían mucho, como esgrimiendo un arma, la palabra polla, tenían un punto de locuacidad y unas dotes de pandillerismo golfo verdaderamente atractivas.

A pesar de que se sentía absolutamente ajeno a aquel trajín, tras horas de observación y anotaciones y después de haber convertido su cabeza en una indescifrable piedra Rossetta, un día participó en el chat y a una pregunta inocente de un jugador fue capaz de responder nervioso.
_ “Sip”
Aquello le llenó de emoción. Él ya era uno más de los 142.808 usuarios. La notable diferencia de edad que había adivinado con la mayor parte de los jugadores dejaba de ser un problema. Habría que recuperar la serie “Padres forzosos”, ver mucho más fútbol y saber qué nota suena pulsando al aire cada una de las cuerdas de la guitarra. Superados esos y algunos otros obstáculos, podría integrarse plenamente en aquella comunidad.
Aquel sujeto, que nunca se asoció a un club deportivo ni a un partido político, sentía la necesidad de ser un miembro cualificado en aquel barullo. Sin duda, escondidos bajo nombres imposibles estaban los amigos que siempre quiso tener y quién sabe si las amantes hace tanto imaginadas. Pronto llegó a la conclusión de que la única respuesta del trivial era practicar más. Se hizo con nicks de mañana, tarde y noche, para que nadie advirtiera su adicción y se lanzó a la práctica sin fin. Pasaban las mañanas, a escondidas; las tardes con el ceño fruncido de su mujer y las noches de insomnio y aquello no avanzaba. Siempre Rayh, Elperro, Ilo, Karel, Key sabían más y mejor. Juanillo, Octopussy, Osopanda controlaban el trato con las chicas en un elegante flirteo. Bardhal o Wassap dominaban las relaciones públicas. Lilith, Tane se metían al personal en el bolsillo y casi todos repetían podios, aparentemente sin darse importancia.
Insistió. Pasadas unas semanas más, canturreaba inconscientemente canciones de Triana completamente olvidadas, aprendió los resultados de los encuentros de la Copa de la UEFA durante los años ochenta y la Biblia pasó a ser su libro de cabecera. Remotos personajes volvieron a ser familiares. Ruth, Sara, Benjamin, Raquel y todo ese ovillo de familia numerosa que no aprendió en la escuela le acompañaban ya permanentemente en un revolutum que emparejaba a Moisés con Mike Tysson, el Fénix de los ingenios con Asurbanipal y a Bernini con los ojos de Bette Davis.
El hombre no fue consciente de su evolución hacia el infinito hasta que un día recapacitando sobre su propio nick principal se preguntó a sí mismo ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas? Comprendió entonces que cada trascendental cuestión que se plantea el ser humano tiene siempre cuatro soluciones posibles y sólo una es verdadera. Admitió ya sin contemplaciones que responder con lucidez a la serie de preguntas ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? no tiene ningún valor si no se hace en menos de un segundo.
Estaba ya el tipo globalmente perdido en el espacio y en el tiempo aquella mañana soleada de abril, cuando al despertarse le dijo a su mujer:
_nass wapa, q tal stás?

Se duchó, se puso el traje, cogió el maletín y se fue a trabajar. Nunca llegó a la oficina ni se volvió a saber de él. Dicen que andaba por las ciudades preguntando

_sabría usted decirme cuánto es el máximo que puede medir una pista de tenis en partido de dobles, ¿72 m, 73m, 72,5m o 73,5 m?»


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Notapor Majadera el Jue Sep 13, 2007 4:19 pm

Que cantidad de sensaciones y nicks recordados en poco tiempo!
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Notapor obabakoak el Jue Sep 13, 2007 4:30 pm

¡Como te quiero, asnustxue!. :muak:
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Notapor Solps el Jue Sep 13, 2007 4:31 pm

A veces me pregunto si alguien, además de nosotros, sería capaz de comprendernos...
"Tu recuerdo se difumina,
entre la densa niebla del olvido..."
(Solps dixit)
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Notapor absurda el Jue Sep 13, 2007 4:39 pm

¡Qué bueno! Yo me aprendí más la vida de Karnisovas que la mía. Es una pena que se estropeara tantas veces...

Gracias, murphy.
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Notapor malabruja el Jue Sep 13, 2007 4:44 pm

Te odié tantas veces...ganador compulsivo :muak:
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Notapor miramira el Jue Sep 13, 2007 5:20 pm

¡Baaah, yo no conozco a nadie de los dichos!.
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Notapor Masketu el Jue Sep 13, 2007 6:27 pm

Excelente retrato, me reconozco asombrado
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.


(Espacio disponible para su publicidad.)
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Notapor murphy el Vie Sep 14, 2007 1:44 pm

Cuando el sol cae con ese estertor de naranjas tostadas en las postrinerías del verano, me gusta sentarme delante del establo y sacar mi colección de revistas del sanatorio de Santa Ág... las que editan los internos como 'El asno en globo' y maravillarme con tantas y tantas sorpresas inauditas. De un número de hace más de veinte años, extraigo un cuentito inofensivo, incluso ingenuo. Nunca pude saber en qué ala de aquel cielo de locos residió el autor, sólo que firmaba como Iratxo Orlegi:

RA VEN RA

A las ocho menos un minuto, como casi siempre, perfectamente rasurado, la eterna melena limpia y perfumada y el hábito impoluto, Ra Ven Ra estaba ya sentado delante del enorme computador central que dirigía las operaciones del cielo nº 7. Ra Ven Ra acababa de sustituir a Xume, el eficaz semidios que acababa de cumplir dos años en aquel destino y que le había dejado preparadas todas las especificaciones y adjudicaciones para el fin de semana que se avecinaba. Ra se preparó un burbujeante maltoso de ambrosía y se dispuso a comprobar los envíos que se habían de ejecutar en las próximas horas. Confiaba en Xume absolutamente. A pesar de su juventud, no había aún cumplido los 312 años, era uno de los funcionarios celestes más aplicados que había tenido la suerte de compartir en la ardua e importante labor que desempeñaban. Quizá adolecía de un punto de romanticismo; era, en opinión de Ra Ven Ra, excesivamente estricto en ocasiones y de ahí las pocas discusiones que ocasionalmente se habían suscitado en las reuniones de evaluación bimensual. Nada que el temple y el buen humor del orondo Ra no pudiese soportar.
No había terminado de apurar el vaso cuando el intermitente rojo del panel de control empezó a vibrar con insistencia. Ra saltó como un resorte y empezó a teclear afanosamente. Las ocho y cuarto, en teoría todos los lanzamientos para el fin de semana deberían estar cumplimentados. Miró los listados. Las más de cien mil Alegrías Pasajeras estaban en camino perfectamente, así como las Esperanzas y las Ilusiones. Las Carcajadas y los Suspiros Amables se lanzaban a granel, no necesitaban control. Los Flechazos habían salido con un poco de retraso, pero volaban ya con esa dulzura tan característica. Sorpresas, Conciliaciones... ¡¡¡cielos!!! En pocos segundos el escarmentado Ra Ven Ra cumplió con el cupo de exabruptos permitidos en aquel hermoso lugar. Nada menos que una Felicidad Intensa... ¡¡¡Una Felicidad Intensa!!! ¿Cómo era posible aquello? Apenas había 44 Felicidades Intensas concertadas para aquel fin de semana, último de Noviembre. Trató de condensar toda su flema en la labor, había que actuar con celeridad, pero con calma. Las Felicidades eran un asunto delicado. Eran de una calidad tan frágil que se diluían sin remedio si no alcanzaban a plasmarse en la persona adjudicada y, además, las consecuencias para ésta podían resultar irreparables. Y, por ende, podía llegar a producirse el temido Embudo Sensitivo. Y su prestigio...
Enseguida encontró el agente causante del desastre. Desde el infierno 13 habían conseguido introducir un virus mina. Ra sabía lo que había que hacer pero... ¿tendría tiempo?.
Activó la lista de Felicidades. Tenía que calcular o, en el peor de los casos, intuir quién era el ser humano que se había quedado sin su ración de felicidad. Estudió los historiales a vuela pluma: cuarenta y cuatro dossieres en apenas cinco minutos, el tiempo volaba. Tenía que tomar una decisión en menos de otros cinco o aquella hermosa manufactura que se diluía en la sala de lanzamientos fenecería horriblemente. Se puso en la mente de Izor Agharri, el enrevesado encargado del 13 y, enseguida, decidió el nombre.
Sus ayudantes, alarmados desde que oyeron el primer juramento de Ra Ven Ra, cumplieron sus prescripciones con la eficacia proverbial del cielo 7. En menos de tres minutos estaba todo preparado.
Eran las nueve menos veinte del día 28 de noviembre y Violette Donosí aún permanecía ajena al hecho de que una multicolor Felicidad Intensa, rabiosa por tomarla, viajaba ya atravesando estratosferas, ionosferas y atmósferas, sorteando sierras, planeando valles, tomando atajos de viento, llegando desde el noroeste, sobrevolando poblaciones como Campolugar, La Puebla de Alcollarín, Rena, Villar de Rena, Entrerríos, La Coronada, Camp...
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Notapor Majadera el Vie Sep 14, 2007 1:56 pm

Diría que Iratxo residía al final del arco iris. XD
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Notapor murphy el Sab Sep 15, 2007 7:09 pm

La molinera tiene otro regocijo en otros días distintos a éste. Es otra. Pero alzo mi vaso desde este mirador cuando posa su paso lleno de azucenas en polvo que se depositan en el lento bamboleo del camino a casa cuando ella quiere ser la lucida planta que alegra la tarde.
Sólo por esa paloma que trasiega al campo merece la pena este diario y, quizá, este día. Queda poco que hacer y no me veo capaz de acabar estos versos. Mañana será otro día:

«Las manos no ignoran nada de la vida,
pero, ¡cuán poco saben de la muerte!...
Dejaré que reposen de esta suerte,
esperando, esperando una caricia ansida,
esperando otra piel que las alerte
como bálsamo o como tú, querida...
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Notapor Majadera el Sab Sep 15, 2007 7:13 pm

Que envidia, que envidia...
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Notapor murphy el Lun Sep 17, 2007 11:27 am

Cada vez que me acerco a las verjas herrumbrosas del cementerio me asalta la inquietud inexpresable de Castelao y su ojo de cristal. Pienso en la angustia del padre enterrado junto a un cojo y su temor infinito a que le robara el peroné, o la tibia, o ambos... Pienso también si yo como él tendré que ir algún día a san Andrés de Teixido a cumplir alguna cosa que dejé sin cumplir en vida. Y pienso que tendré que abandonar mi esqueleto y que no sé quién reposará encima mío en la hilera superior de nichos, ni a mis flancos.
Lo tengo claro. Pediré a mis hijos que me entierren sin nadie alrededor, aunque les cueste una fortuna...
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Notapor murphy el Mié Sep 19, 2007 12:31 am

[font=Lucida Console] Admirado Sebastián,
nada mejor en los días, como el de hoy, en que hay esta llovizna incesante que lo pone todo como de ceniza y parsimonia, que alcanzarme al altillo de la casa vieja. He ido trasladando allí una serie de cosas que se me antojan necesarias para el capricho de estos refugios casuales: libros, revistas de cuando Maricastaña, los papiros que conforman el adorable Atlas del abuelo, papel, pluma y una botella de Bombay Shaphire clandestina. Hace unas semanas, también, me traje todos los papeles que, durante años, me han servido para perpetrar los rincones literarios de mis foros. La mano sabia de Lucía se ha encargado, sin yo pedírselo, de ordenármelos tan perfectamente que, dado mi proverbial desorden, sólo encuentro las cosas por puro azar. Hoy mismo, entre mirada perdida y mirada perdida al páramo nebuloso que se abre delante del ventanuco del doblado, he encontrado estos viejos versos:

«Hay un puerto, te aseguro,
lleno de palomas que son adioses
en los que nace un amor
que muere cuando nace
un te quiero
que muere en unos labios
que nacen con un amor
que es un pañuelo muriendo
en un puerto que conozco,
te aseguro»

no son gran cosa, pero me procuran esa amable melancolía de los amores de ida y vuelta, de las promesas-cárcel, de que, quizá, vivir es amar, por que sí, proque la propia vida así lo impone.
Un beso, Sebastián. Mi cartero te añora a mansalva.


P.D.: no muy lejos de esos versos he encontrado estos otros, adornando, no sé si lo recuerdas, una dedicatoria de un disco:
Tú no sabes que los besos no desaparecen,
que son hongos, tenaces,
certidumbres perdurables, venenosos.
Como no sabes que mi memoria
sigue siendo una grieta pertinaz del olvido,
del modo en que no puedes saber tampoco
que mi miedo se funda
en una esperanza que es una paradoja
que está fundada en estos besos,
los mismos que no sabes que no desaparecen
ni que se divierten entretejiendo
el insomnio de mis días
con el vago descanso de mis noches.

[font=Lucida Console] [/font]
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Notapor murphy el Jue Sep 20, 2007 12:27 pm

De un foro ignoto y, me temo, moribundo, rescato viejos apuntes:

asno_en_globo escribió:Este lindo poema lo escribí cuando tenía quince o dieciséis años, era guapo a rabiar y todavía no sabía que Guadalupe estaba colada por mí. Y mirá vos que Guadalupe era una mina del nueve; un agosto fue miss Piscina y a todos los pibes nos traía babeando de largo. Yo hacía el viaje hasta el lejano pueblo de los veranos en un autobús zarrapastroso que empelaba más de un día en un trayecto que hoy no quita más de seis horas. Y lo hacía con ella porque éramos emigrantes en el mismo norte y sus padres se vinieron del mismo olvidado punto del sur adonde, en el agosto, todos me envidiaban por esta misma amistad de viajeros que teníamos. ¡Ah, Guadalupe! con sus ojos redondos como chinatos de río y esa sonrisa que le agrandaba los dos lunares...

Nunca busques
aquello que te ha de encontrar
como yo te encontré
en la definitiva tiranía
de tus ojos,
más allá del pájaro efímero
de su hermosura.
Si he sido tu hombre,
si he de ser tu sombra,
dime si alguna brizna
de este pelo azulando
se ha mecido en tu viento,
si todo es verdad
cuando, cara a cara,
llovíamos felices
para abundancia
de arcoiris olvidados
entre las sábanas
que coronaron tu piel.
Ya sólo puedo saber
que el más allá
es una cierta caricia,
un, un mencionado beso,
un menoscabado temblor
dos veces multiplicado,
dos. Dos veces dos.
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