por murphy el Jue Dic 04, 2008 3:37 pm
Agradeciéndoles de antemano todas las muestras de cariño recibidas por el fallecimiento del aita, que han sido muchas y sé que sinceras... les dejo el último poema que le escribí, cinco días antes de su marcha. En el fondo de los versos, a más del inevitable tema del tiempo (¡ese tema!), está el recuerdo de un impresionante reloj digital que vino de Yemen, donde él y algún familiar más buscaron fortuna en los malos tiempos de las enormes huelgas de la construcción en los años 70...
Gracias de nuevo, son lo mejor...
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Recuerdo,
ahora,
cuando la palabra memoria
empieza estar prohibida,
un enorme reloj dorado de pulsera.
Me dije:
«Con el dinero de Saba
me han regalado el tiempo del desierto»
De allí vino en avión.
Un enorme reloj
bañado en oro.
Los pobres tenemos el corazón de la urraca.
El padre sangró sudor
a orillas del mar Rojo
haciendo cimientos en la nada.
Un año junto a las playas prohibidas de Hoddeida,
ajeno a que Saná
estuviese en las listas patrimoniales
de la Unesco,
ignorando el destino de aquella gente que cargaban
en destartaladas camionetas
arenas adentro
donde el tiempo lo mide
la sombra de una duna.
Las catorce mil torres de Saná
no tienen la culpa.
El tiempo del desierto humanyí
brillaba en las noches bajo mis sábanas.
De Oriente vino un Orient.
Ahora recuerdo,
cuando la memoria
se sacude las moscas en una cama,
un enorme reloj dorado
con cronómetro,
con fecha, con luz,
con cuenta atrás.
El padre lo pagó con dólares
en playas remotas
donde dejaron una ciudad fantasma
y unas gotas de miseria
en otras miserias.
Quizá esta tarde,
a las 17:45,
cuando aprisione mi mano,
esa mano traidora
donde ahora hay un Citizen de acero,
le cuente que
Saná es un capricho de ciudad
donde la gente sigue
peleándose por salir en una foto
y que la Unesco etc., etc.
y que aquellas camionetas eran
las mismas que en su pueblo
cargaban gente en el 36,
en el 37, en el 38...
y que el destino era el mismo,
barrancos adentro,
donde el tiempo
se junta en los cerros
con el sueño de la oveja.
Y lo olvidará todo.
Pero, de todas fomas,
le diré,
antes de las 19:00,
aunque lo olvide,
que ahora en el recuerdo,
cuando las cosas son verdad,
por fin, aquel enorme reloj dorado
es un precioso reloj
de oro macizo.
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