Decía un historiador árabe -narrando en crónica la Batalla de Covadonga- que unos montaraces se refugiaron en la montaña huyendo de los árabes. Se nutrían -los montaraces- de raíces de plantas y de miel. Los árabes se dijeron "qué cojones hacemos aquí contemplando a esos pringaos, anda, vámonos", y fuéronse, sí. Por entonces nadie subía a los LAgos de Covadonga a disfrutar del paisaje, todo era paisaje y los lagos estaban para los pastos de alta montaña.
Ésa es la realidad de la batalla que más me convence. Cualquiera que conozca Covadonga podrá deducir que este punto de vista es más real que el dado por la historiografía cristiana nacional, la cual nos dice lo que ya sabemos: que Pelayo, rodeado de unos fieles y valientes guerreros, pusieron en fuga a un ejército árabe muy bien pertrechado. Todo ello, claro está, con la aparición de la Virgen, que aunque sea pequeñina y galana es muy bien apañada. Y Pelayo fue rey por mor de un apaño golfo (no tenía cara ni nada el Pelagio o Velay, como decían los sarracenos).
Pudiera parecer que estoy siendo iconoclasta gratuitamente, pero no nos engañemos y pongámonos en el lugar del ejército... perdón, de la partida árabe.
Pero retomemos el origen de la escarmuza y verán ustedes como todo es racional.
Pelayo era un hombre de pene huésped y amigo de pendencias. Todo empezó porque se encoñó de una hermana de Alkama, que era un poderoso con posibles en Gijón. Como Pelayo era muy pertinaz, raptó a la hermana del sarraceno y con ella partió hacie el interior de las Asturias, concretamente a la zona de Ponga y más concretamente a lo que hoy se conoce como Puerto de Ventaniella, cuyo nombre tiene su origen en la noche en que los árabes lograron dar alcance a Pelayo, el cual se encontraba retozando con la doncella. Llamaron a la puerta los árabes, mas no encontraron respuesta. Volvieron a golpear la puerta y por la ventana superior asomó Pelayo:
-¿Qué queredes?
-Devolvednos a la doncella y partid en paz
-Quiá, la doncella se queda
-Devolvedla a ella o arrasamos la venta* (*pensión u hotel de ruta de por entonces).
-Ni la venta ni ella (he aquí lo de Ventaniella, bonito, eh?).
Pues no se sabe qué ocurrió después, parece ser que Pelayo escapó sin la doncella. Para mí que se dejó los cataplines en la discusión.
Como andaba salidorro, organizó una emboscada a los sarracenos, pero como no tenía ni puñetera idea de emboscar tuvo que salir por piernas ya que cabreó todavía más a los árabes... y llegaron a Covadonga. El resto es sabido, pero eso de que Pelayo está enterrado en Covadonga es otra mentira con la que el obispado astur atrae a Covadonga a visitantes ávidos de comprar el llaverito, el cenicero, etc. . Pelayo está enterrado en Abamia, en la Iglesia (es una joya de iglesia, por cierto) de Santa Eulalia de Abamia.
Lo de Favila, su hijo, es otra historia, lo contaré en un breve boceto, es apasionante.
Cuenta la historia que el Rey Favila murió a manos de un oso. Murió matando. Ambos, oso y rey, murieron a la vez ya que Favila, tras clavar su lanza o su espada (esto no está claro), recibió un hostión del oso que lo puso mirando para Cuenca.
Lo cierto es que Favila no tenía media hostia, era melífluo, afectado y maricón (no sé el orden exacto).
Por aquel entonces se había refugiado en los montes de Cangas de Onís una mujer montaraz que era tan ancha como alta, de fuerza descomunal y famosa por sus pendencias y trifulcas con los lugareños. En esto que la maricona...perdón, Favila, se estaba dando un paseo y se topó con la "Osa" -que así llamaban a la montaraz mujer- y debieron discutir sobre alguna cuestión que aún no se ha resuelto.
Favila debió sacar la vena de niño pijo y la osa le mató a hostias. El resto de la historia, o su parecido,ya es de sobra conocido.
Y es que, no nos engañemos, la historia siempre ha tenido una prensa rosa que nos envuelve todo con un halo de glamour que te cagas, o sea, te lo juro.


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