Aquel cuatro de noviembre vino a este mundo un ternero de cinco kilos y cincuenta y seis centímetros.
Pero eso es lo que te ponen en la ficha del HOLA si eres infante o infantesa, pero uno no lo es, así que hablemos de lo que pasó hasta ese día.
Madre había tenido hasta entonces cinco partos, el último había sido de una criatura muerta, y era una niña que se iba a llamar Yolanda (en serio, churri).
Madre se quedó triste tras ese intento frustrado de aumentar la prole, había que intentar otra vez con el número cinco.
Efectivamente, madre se preña.
Esta vez iba a tener un cuidado muy especial y nada debçia escaparse de control.
El ginecólogo hacía visita semanal o madre iba a consulta, ésa era la rutina.
Un día, en un control, allá por el cuarto mes de embarazo, el ginecólogo anuncia que hay graves riesgos para la vida del feto. También había serio riesgo para la madre si seguía empeñada en tener a su retoño.
Madre era muy cabezota y preguntó aquello de "¿Bueno, y qué tengo que hacer para que haya menos riesgos?". Reposo, reposo absoluto. En casa había quien se encargara de los otros cuatro hijos, por ahí no hubo problema.
Todo esto me lo contó mi madre cuando ambos compartíamos unos cafés en una terraza típica de no sé dónde.
Me describió los cinco meses que tuvo que estar postrada en la cama. Me contó las conversaciones que tenía conmigo a pesar de que yo no era un interlocutor válido. Me relacionó los discos que me ponía para que me relajara dentro de su tripa, ahí fue donde adivinó que la Ópera y yo no estamos muy bien avenidos, salvo la parte de las arias, claro.
Yo le pregunté a mi madre si no se estaba arriesgando mucho, ya que podía haber dejado huérfanos a cuatro hijos, incluso yo mismo podía haber nacido y ella haber muerto. Ella contestaba que algo le decía que esa criatura que llevaba dentro iba a traer mucho amor, y que merecía la pena vivirlo y arriesgarse.
Bueno, y transcurren los meses de embarazo y el parto se retrasa, cosa que podía estar entre lo peor que podía pasar.
Al final provocaron el parto, mi madre no quiso cesárea, y, es cierto, casi se muere en el parto, de hecho la dieron por muerta hasta que me pusieron en sus brazos... y ella se murió hace dos años.
Ella siempre decía que la relación entre una madre y su hijo, en el embarazo, puede dar lugar a crear una personalidad.
Puede que esa relación entre ella y yo sólo hubiera sido de amor y de lucha por el amor. No puedo verlo de otra manera.
Y sí, hoy también hubiera sido el otro cumpleaños de mi madre.









