Se ha arraigado en el mundo el concepto que de perdedor se tiene en los USA, lo cual no sirve de ejemplo para casi nada.
Partiré de la premisa de que no es lo mismo un perdedor que un vencido, esto es primordial.
Imaginemos, aprovechando la maravillosa letra de Silvio Rodríguez, que hay buscadores de unicornios, sean azules o de la color que sea; sólo por el hecho de buscar unicornios ya se implicita la noción de luchador, aunque la causa y el fin sean intangibles o, dicho en términos más prácticos, causa perdida.
Pero no, el que uno se defina como perdedor no lleva implícito lo de ser un ciudadano que cobre la prestación o pensión mínima no contributiva, eso es otra cosa, claro.
El término perdedor implica llevar dentro del alma... esencia, mejor, un espíritu romántico imbuido de ideales quiméricos y utópicos. Son, en definitiva, motores de la motivación y comburentes de la pragmática diaria.
En estos tiempos modernos es la pragmática de la prisa y del desasosiego lo que despersonaliza a las personas para convertirlas en "gente", entendido esto como pura masa de comedores de pan. Se entiende que cada uno de los que conformamos esa ingente masa de gente andamos a cuestas con nuestros amplios o cortos ideales, pero no son tiempos para la lírica, no hay que negarlo.
Aunque parezca contradictorio mi razonamiento, el término perdedor no es intrínseco a uno, digamos que es uno mismo el que digiere lo que le rodea y la noción de triunfador que tiene el resto. Simplificando las cosas se podría decir que no se puede resumir todo al "o eres triunfador o eres perdedor", no, evidentemente, esta sociedad no puede admitir la generalización del triunfo, pero sí admite perfectamente que este mundo de tecnocracia se acepte que vivir de ideales quiméricos lleve implícito ser perdedor, aunque uno mismo no se vea así.
Querer al semejante es una labor quimérica, pero intentar quererlo es lo que vale, eso implica una actividad noble, y de eso estaba hablando.
