por Estatua el Jue Oct 02, 2008 7:35 pm
Soy un sociólogo cibernético. Un psicólogo frustrado que va por libre y al que, desde el más puro egoísmo, le da por reflexionar durante ataques de narcisista lucidez acerca del comportamiento del ser humano en este mundo virtual.
Hoy, a eso de las 18,30 horas, me acordé de una persona… sí, llamémosle “persona”. Esa persona, mujer para más señas y cuyo nombre parece poco importante a estas alturas por el tiempo que hace que no sé nada de ella, se convirtió durante algún tiempo en uno de los pilares que sustentaron parte de mi vida virtual durante mi etapa en Trivialnet. Aquí se hace necesario abrir un paréntesis para que, aquel o aquella que siga interesado en llegar al final de este discurso, entienda el porqué de mi reflexión.
Supongo que algunos ya saben por dónde van los tiros y el que no lo sepa se va a enterar ahora. Yo siempre he buscado y encontrado motivos y razones para establecer una delgada línea roja entre la vida real y la virtual. Entendamos por vida virtual esa que desarrollamos aquí frente al ordenador y que, formando parte del todo que supone la Vida, sigue un camino diferente al de la vida real. Evidentemente, nunca he pretendido meter a todo el mundo dentro del mismo saco y siempre habrá quien se convierta en la excepción que confirme la regla.
Es muy probable que en este foro, donde somos tan pocos y donde los lazos comunicativos —y en algunos casos afectivos— son tan estrechos, sea difícil, forzado y tal vez imposible marcar dónde está esa frontera entre lo real y lo virtual. Aún así, muy de vez en cuando, uno encuentra pistas y detalles que le permiten comprobar que ese límite sigue ahí a pesar de su invisibilidad. En otros foros esa frontera se puede hasta percibir por los sentidos.
Por todo ello es por lo que así de manera general y a lo bruto, sin contemplaciones y sin señalar a nadie, yo siempre me he tomado mi actividad virtual como una obra de teatro donde soy un personaje más y al que termino de darle vida cada vez que me levanto de esta silla desde la que ahora les escribo. Ese es el motivo por el que Estatua, salvo contadísimas ocasiones, pone muy poco de Marco en sus relaciones con todos y cada uno de ustedes. Desde aquí y ahora, que la ocasión lo merece, les pido disculpas a todos aquellos que son víctimas de mi pétrea frialdad. Soy Estatua, no lo olviden.
Habrá quien diga que exagero o que soy muy rebuscado. Con estas letras no busco abrir ningún tipo de debate, tan sólo pretendo hacerles partícipes de mis reflexiones. Ya me daría por satisfecho si uno sólo de ustedes se parara a pensar en dónde están los límites de su doble vida, en qué hay de verdad, de exagerado o de oculto en cada uno de los nicks que poseen.
Ahora me bajo de las ramas para volver a la raíz de mis pensamientos.
Como les decía, hoy me he acordado de una persona que un día, de repente, desapareció. Con el tiempo que hace de su marcha veo poco probable que vuelva. No es un caso normal de abducción por vacaciones, por fiestas patronales o porque le ha salido ardiendo el ordenador. Es un caso de abandono total y vuelta imposible. Lógicamente no es este caso particular el que quiero tratar porque habría sido más sencillo preguntar por ella de manera directa. Lo que me lleva a aburrirles con todo esto es el haberme parado a pensar en qué motivos o razones hacen que una persona abandone definitivamente su vida en un foro de internet. ¿Nunca se han parado a pensar en cuánto tiempo más estaremos aquí? No me refiero a que el foro se joda, creo que existen los teléfonos y las direcciones de correo necesarios para que volvamos a encontrarnos todos juntos de nuevo en otro foro. A lo que me refiero es a qué podría ocurrir para que le pongan punto y final a su vida virtual.
Está claro que aquellos que han traspasado la frontera van a seguir, muy probablemente, manteniendo el contacto pero ¿qué ocurriría en un caso como el mío donde mi actividad aquí se reduce a una simple cuestión de pasatiempo y diversión con un grupo de personas con las que me llevo mejor o peor, a las que “conozco” hace años y con las que no mantengo ningún tipo de relación cuando apago el ordenador? Por mucho que pueda alejarme en el tiempo de todos ustedes siempre encontraré un motivo para volver a leer a Murphy o a Miñoca, a disfrutar de la sola presencia de Divine y Majadera, a aprender —porque más sabe el diablo por viejo que por diablo— de Kim, Urri, Milenius, Maske o Castilla, a estar con Bon y Elcabrón, a superar a Anti, a meterle caña a Miramí, Abs o Mamón, a reírme con Malabruja, Cocolit, Puwiro, Coketta, Linkito… ¡sois tantos! O, simplemente, a insistir por enésima vez para que Solps me enseña las tetas..
A lo que vengo a referirme —y termino ya con todo esto— es a qué nos podría hacer abandonar el foro para siempre, eliminarlo de nuestra experiencia vital como si de un mal sueño se tratara y, lo más duro sin duda, pasar de todo lo dicho, de todo lo compartido, de todo lo reído, de todo lo sufrido, de todo lo llorado... de todo lo vivido sin echar de menos a todos y cada uno de ustedes.
¿Echamos el cigarrito o qué?
