
Publicado:
Lun Mar 30, 2009 12:52 pm
por murphy
Sí, cada noche
me emborrachas en esta barra
sin camareros.
Una discoteca con una baldosa solitaria
donde se columpian
luces solitarias.
El suelo refleja un mundo
de ojos neuróticos;
abre, cierra, abre...
claro, oscuro, clara...
llena, vacío, lleno...
como este vaso donde se pelean
los pedazos de limón,
columpiándose en la superfice
con los cubitos que jamás se derretirán,
jamás se derretirán, jamás...
Las colillas en la baldosa
se apagan sin que nadie las pise.
Como mi corazón.
Los vasos vacíos que se estrellan
en la baldosa
jamás se rompen
(se llenan, acaban
llenándose)
pero no son futuro
nunca más.

Publicado:
Mar May 05, 2009 11:14 am
por murphy
El hombre no llora,
entre las manos
se le ha deshecho la luna.
Entre las palmas de sus manos
está Alejandra
tiritando.
Alejandra siempre ha tenido el eco
de los dedos acariciando
las barandas del puente:
cada dos tramos emerge
un ángel limado,
cada dos ángeles
se calla un mimo.
Alejandra siempre está allí
tirandole monedas y monedas
como si quisiera comprarle
el pedestal
y enamorar todos los sueños
del hombre que fuma
haciéndose de piedra de colores.
El hombre no llora,
hace catalejos con dos dedos
de cada mano.
Mira a su través
la luna deshacerse
tras las barcarolas
en los rizos del agua...
Y Alejandra, entonces, ríe.

Publicado:
Jue Jun 11, 2009 1:55 pm
por Majadera
Rebuscando entre las cosas que escribía mi tío Alonso, he encontrado un poemilla.
" HISTORIAS DEL ABUELO "
[font=Lucida Console]Abuelo, cuéntame historias,
historias de aquellos tiempos,
las que solías contarme
cuando yo era más pequeño.
El abuelo pensativo
rebusca entre los recuerdos.
(¡Cómo se pasa la vida,
fugaz, un soplo, un momento!).
-¡Aquellas historias!, ¿dices?.
¡Cuántas se ha llevado el viento,
y otras muchas se han perdido
en la maraña del tiempo!.
-Cuéntame lo del burrito,
aquel que era tan travieso,
pizpireto y presumido
que se llamaba Lucero.
-Perecía una pavesa
deslizándose en el viento,
siempre las orejas tiesas;
sin par en los de su género.
Era, cual toro de lidia,
chispeante, noble y fiero,
muy suave con los de casa,
con los de fuera un veneno.
Mi juguete preferido,
astuto como un conejo,
recio como el pedernal
y dúctil como Platero.
Él me llevaba de caza
y, cual potro postinero,
las llaves con él corrí,
en la plaza de este pueblo.
También el día de cintas,
entre corceles soberbios,
una y otra vez pasó
hasta coger la del Premio.
Me dolió su fin absurdo.
Murió un día de febrero
víctima de la osadía
de un veterinario inepto.
-¿Y lo bien que lo pasabas,
sin asistir al colegio,
jugando con tus amigos
en la matanza del cerdo?.
-"Cuando se mata el marrano,
o se muere la abuela,
no se va a la escuela",
rezaba el dicho mundano.
Se celebraba a lo grande
el fausto acontecimiento
en todas aquellas casas
que podían matar cerdo.
Tíos, amigos y primos
acudían al festejo
para comer en compaña
y beber del vino nuevo.
Comíamos las patetas,
buchón cocido al puchero,
la chanfaina, las orejas
y "coscarón" collarejo.
Y con la vejiga hacíamos,
entre grandes y pequeños,
una ruidosa zambomba
con la caña de centeno.
Todo el año se cuidaba
el cochino con esmero,
para que no nos faltara
el choricillo al puchero.
El cerdo y los garbancillos,
base de nuestro alimento,
y el pan de candeal cocido
con manojos de sarmientos.
Pero había muchos pobres,
muchos, mi querido nieto,
que no tenían garbanzos
ni pan, ni vino, ni cerdo.
-Cuéntame lo de la guerra,
-inquiere curioso el nieto-,
aquella guerra de España
que sacudió al mundo entero.
El abuelo respingando
echa una firma al brasero.
No le agrada recordar
aquel pasaje tan negro.
Se arrellana en el escaño
mirando fijo al humero.
En el fuego del hogar
borbotean los pucheros.
-La infancia mía fue dura
-comienza al fin el abuelo-
por culpa de aquella guerra
que truncó todos mis sueños.
Yo sólo tenía once años
era como tú, un polluelo.
Ni de noche ni de día
había paz ni sosiego.
Abundaron, por desgracia,
los personajes siniestros,
llenando muchos hogares
de lágrimas, sangre y miedo.
La miseria y la desgracia
se adueñó de muchos huérfanos
que perdieron a su padres
en aquel río revuelto.
¡El terror lo impregnó todo!.
Y ante tanto desafuero
nadie pareció enterarse.
¡Hasta Dios guardó silencio!.
Cadáveres insepultos
de aquel vendaval horrendo
fueron la amarga agonía
de la distancia y el tiempo.
La humanidad perdió el norte.
Cundió el envilecimiento.
Pues si las guerras son malas,
entre hermanos, un infierno.
Fue un aborto del abismo,
un salvaje desenfreno,
vorágine desatada
de enfermizos sentimientos.
La justicia verdadera
defiéndela con denuedo
para que no se repitan,
jamás, hechos tan funestos.
Se me enredan en el alma
estos amargos recuerdos
que bien quisiera borrarlos
pero es inútil, no puedo.
El nieto muy sorprendido
mira en silencio al abuelo
que se ha quedado enhebrando,
sabe Dios, que pensamientos.
A mis nietos
Navidad 2002[/font]

Publicado:
Lun Jun 15, 2009 11:24 am
por murphy
Un crack tu tío Alonso... me has recordado a mi abuelo Kiko... y mucho...
Un besote, jefa.

Publicado:
Lun Jun 22, 2009 11:56 am
por murphy
Yo sabré recordar.
No tengo el pulso del artesano
pero sé decir:
-Siéntate a mi lado...
Allí había labios limpios,
allí había carbón de besos.
No sé hacer grandes cosas
con la arcilla,
ni doblego el junco con paciencia
pero limpio de nubes
las noches del verano
y traigo agua fresca
al filo de las madrugadas.
Yo sabré recordar, yo sabré
mantener el aliento,
sabré mantenerme en cuclillas
sin hacer nada,
nada más que acordarme
de lo que supe ofrecerte
como grama que no cesa.
Allí había ese fuego
que siempre sabré recordar
siempre.
Re: De tus cuadernos, de tus papeles, de desvanes, de ti...

Publicado:
Mar Jul 14, 2009 12:23 pm
por murphy
Tengo todas las respuestas
y aún nada has preguntado.
Mi talento reside
donde yace
desnuda tu insolencia.
Cuanto sé se almacena
en tu piel.
Y tengo ojos.
Cuatro tengo.